Swift

Verdens ende y Sandefjord

Angélica S. |Oslo, Noruega



Oslo, Noruega
Foto propia desde el merendero de Verdens ende. El fin del mundo de Noruega.
Ahora que lo de viajar está un poco complicado, voy a contaros pequeños planes para poder hacer por los nortes en uno o dos días. Así si queréis que vuestro próximo viaje sea por Noruega y sus maravillosos paisajes, tendréis más tiempo para organizarlo bien.
Lo primero de todo es saber que las carreteras aquí no son muy buenas para viajar largas distancias. En la mayoría de los casos, se lleva una velocidad media de 60km/h. Así que, si pensáis viajar en coche, preparaos para caminos largos, preciosos, pero muy largos.

Foto propia de una de las plazas de la ciudad de Sandefjord.

El primer plan que os voy a proponer es ir a ver la zona de Sandefjord. Si viajas a Noruega a través del aeropuerto de Torp, lo tendrás más fácil de visitar, ya que estás en esa zona.
Lo que es la ciudad de Sandefjord es muy pequeñita. Para los que somos de Madrid o grandes ciudades la mayoría de las ciudades de aquí son como pueblitos, pero es muy agradable y con unas vistas preciosas del final del fiordo de Oslo.
Las ciudades de aquí destacan por sus parques y zonas verdes. Todo es absolutamente verde y, vayas donde vayas, te encuentras la postal típica de los nortes, con sus casitas estilo pesquera, lagos y más verde.
Foto propia de la plaza cafetería de la ciudad (Bakgården)
con las casas típicas de noruega en construcción de madera.
Es una zona muy tranquila, pero con pasar una tarde ya se ha visto todo lo importante de la ciudad. Nosotros realmente fuimos para acercarnos a Verdens Ende, lo que sería el Finisterre en España.
Es un camino de una hora más o menos desde esta ciudad, se encuentra al final de la isla de Tjøme, pero aprovechamos para alojarnos en Sandefjord para conocer toda esa zona.
Foto propia de uno de los caminos para llegar a Verdens ende desde la zona de parking.

Nosotros fuimos desde Oslo, y apenas se tarda dos horas, pero como vamos con el vikingo y la valkiria, decidimos salir pronto para poder hacer varias paradas.
La primera fue para ver la Iglesia de Sem a mitad de camino.

Foto propia de la iglesia de Sem.

Casi todas las iglesias Luteranas tienen la misma estructura y dependiendo de la zona tienen apariencias externas similares, pero este detalle no las hace menos especiales sino que siguen luciendo increibles a la vez que sencillas.
La Iglesia Sem fue construida en el año 1100 como una iglesia parroquial para la casa real Sem  (Sem hovedgård).
Cerca de la iglesia hay una pequeña capilla funeraria (Det wedelske gravkapell) para la noble familia de Jarlsberg.

Foto propia de la capilla de la iglesia de Sem.

Los cementerios en Noruega son como parques de paseo, todos están abiertos al público y es muy normal encontrarte en ellos gente paseando con carritos o hasta algún deportista corriendo.
Nos acercamos aquí para ver la Iglesia y nos dio una gran sorpresa ver que era la Iglesia para el palacio de Jarlsberg (famoso para los que no tenemos mucha idea de historia noruega por su queso) Pero resulta que esta granja/ palacio real es uno de los más antiguos, sino el más, y que de esta zona procedía el reino de Vestfold, del que procede la dinastía del rey Harald I de Noruega.

Foto propia de la granja de Jarlsberg.

Nos quedamos con ganas de ver toda la parte del palacio y los jardínes, pero para los vikingos ver la parte de establos y caballos fue el planazo del día.
Al ser sábado y por todo el tema del Covid-19 estaba todo cerrado, pero fue agradable ver los alrededores y los caballos.

Continuamos nuestro viaje, y como llegábamos una hora antes al apartamento que habíamos alquilado (airbnb powah) decidimos buscar algo de interés cercano, y nos sorprendió encontrar un cementerio de la edad de hierro perdido por la montaña entre pequeñas casitas y granjas.  Desde luego si tienes tiempo podría ser una grata excursión ir a verlo y hacer una de las rutasde montaña que empiezan en él.
Foto propia del cementerio de la Edad de Hierro.

Para llegar a él hay que meterse en varias granjas y por caminos de cabras, pero llegar a este remanso de paz merece la pena.

Después de comer cogimos el coche de nuevo y nos lanzamos a ver el Verdens Ende. Ciertamente sobrecoge ver la inmensidad del océano. Aunque a mí personalmente me decepcionó un poco al ver la cantidad de gente que había y de barcos (me había hecho a la idea de que era como una playa virgen, ilusa de mí.) Aunque no puedo negar que disfruté de las vistas, del viento, del sol en la cara y del olor tan maravilloso del mar. Libertad absoluta.
Foto propia de una de las múltiples vistas sobre las rocas del final de Verdens ende.

Este es un viaje que hicimos pensando en los enanos. Aunque sí que es cierto que con niños más mayores, con amigos  o la pareja hay ciertas cosas que se pueden disfrutar más, como el ir hasta la última roca y pararte a mirar el atardecer o hacer alguna ruta de montaña. Pero lo recomiendo para todos los públicos sin lugar a dudas.

Nosotros hicimos noche, pero si estas en Oslo, tienes tiempo y no apetece hacer la noche, se puede hacer perfectamente en el día este plan. Pero con niños, ¡viva la slowlife! 


Foto propia de Verdens ende.
Si te gusta el mar y el viento tienes que venir a ver esta maravilla, las fotos no hacen justicia de como son esas rocas que llevan a la inmensidad de la desembocadura del fiordo de Oslo en el Skagerrak.

Lee también

0 comentarios

Flickr Images